jueves, 11 de septiembre de 2014

I can tell you about tonight

I’ve got a pad and a pen
and a silence unbroken
there’s a tamed hero
this side of the mirror
and I’ve always known
there’d be nights like this
I’ve got my Tolstoi near the ironboard
and a humming sound from under the fridge
There´s plenty of ghosts roaming the kitchen
a childhood memory drowned
Kerouac’s calling
Fitzgerald pushing
A mortal game
The ghost of my father
What of me he’d make?
It hurts, truly
I can’t lie anymore
I stare down the window
The hustlers down on Hope Street
The junkies and illiterate
The drivers and the sinners
That woman walking her dog
The world is spinning
for them even
It hurts, truly
The silence, the void
My own voice betrays me
when it bounces back, unfiltered
The bookshelves and the table and the bed
My own furniture giving advice
Live or leave
but I don’t know how to
And the breathing of the walls
The longing, the painful longing
for something taken from me
There´s a plan for every creature
except for me
I’m broken, unfairly forgotten
I stopped being sad
but I cry at fierce intervals
like death upon a graveyard
Let me tell you about tonight
the meaning of tonight
I know about the blackness
surrounding the stars
My soul is empty
my heart is dry
my name is Alone.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Deader than dead

Night and you’re not here
In the window a tender kiss of dew
A pagan tear swirling around
A cry of thunder
I’m going under –
you

Tracing curls of smoke
of a dying cigarrette
Rasing half-drunk glasses
to the day we met

You’re not here
a shot in the back
I chase you through dumb blank pages
imagining and erasing you
a somberer shade of black

I can only kiss you
in my wet dream of wine
At this hour I find the courage
in the dark you’re always mine

And the bells for you they toll
fourty-four, all in all
With their echo my heart stretches its vein
as the night and I grow old --
in pain

You are here disguised in air
I try to reach you but you’re not there
Summoning the night, afraid of the day
None other but the cold white smoke
To answer the prayer

“Damned if you love her,
damned if you don’t”
A fool to dream of you
scared to wake up

This yearning devotion
will stay mute and unsaid
‘cause I know in the morning
I’ll be deader than dead

martes, 2 de septiembre de 2014

Katia es un país


La pregunta que se formulaba en su mente mientras escuchaba a su blind-date fanfarronear sobre viajes absurdos y conquistas ridículas era ¿por qué no puedo encontrar lo que estoy buscando? El sol del sábado se antojaba para una larga caminata en la plaza, y eso era precisamente lo que Katia estaría haciendo de no haber aceptado la invitación de aquel hombre insubstancial y acartonado. Bastante entrado en años, su mirada le recordaba a uno de esos templates genéricos de power point. Pero Katia ya no podía darse el lujo de esperar. ¿No era esa la razón por la que había entrado a ese lugar de citas por internet? Años atrás hubiera jurado, por desesperada que estuviera, jamás buscar el amor en un medio rebosante de personas desesperadas. Sin embargo, la vida siempre le había regalado envolturas vacías. Detrás de cada anhelo sobrevenía una decepción, cada parcela de tierra terminaba infestada por la plaga. Y la plaga hace lo que sabe hacer mejor: minimizar. Katia lo había aprendido a punta de muertes, abandonos y traiciones, cada una un disparo a la bandera que nunca se atrevió a izar. Era una mujer hermosa, pero lo había olvidado. Más de una vez, la certeza de que si tenía poco se debía a que no merecía más se había vuelto el eslogan de su existencia. Se quería a sí misma, pero ya no sabía cómo demostrárselo. Para su cita con Míster Tecontéquetambiénsécocinar no se tomó la molestia de maquillarse. El cabello lo llevaba anudado en una apresurada cola de caballo muy casual. Un poco de rubor en las mejillas. El decoro le prohibió salir a la calle en pants y a punto estuvo de cancelar cuando su instinto beligerante le preguntó ¿estás muerta? ¿No? ¿Entonces? Ahora no sabía cómo ingeniárselas para abandonar la mesa del restaurante. El hombre hablaba pero sus intentos por ser elocuente no causaban el más mínimo impacto. Katia sintió pena por él. De alguna forma, pensó, todos hacemos lo posible por sobrevivir. Y es que permanecer en el planeta cuesta tanto, a veces. El precio que se paga por el derecho de piso merma, siempre. Tantas noches solitarias, tantas cenas para microondas, tantas fotos en facebook, donde la felicidad de sus amigas resultaba asfixiante. La herramienta de aquel hombre para sobrevivir era escribir cuentos, mismos que enviaba a Katia por correo. Así se conocieron. La amistad fue estrechándose hasta que ella accedió a salir a comer. A Katia le gustaban sus cuentos, en especial los que no tenían un final feliz. Curiosamente, al principio no le resultó tan desagradable la charla: el hombre había llegado puntual, su arreglo denotaba esmero, y la loción le pareció agradable. Fue cuando su inseguridad comenzó a volverse evidente que ella perdió el interés. Llegó el postre. Katia apenas había probado bocado, así que la idea del flan le pareció repulsiva. En ese momento ocurrió lo peor. Sin previo aviso, él sacó de su saco un estuche negro. Ante los ojos aterrorizados de ella, lo abrió despacio. Un instrumento de metal bañado en oro brilló.

- Toma – dijo él con timidez.

- ¿Qué es? – preguntó Katia tartamudeando.

- La llave de mi corazón.

- ¡No por favoooor! – quiso gritar Katia. ¿Podía el hombre ser más ridículo?

- Gra… cias – dijo finalmente.

                La llave se sentía ligera y sólida.

- Cuesta mucho – dijo él - ¿Sabes? Cuesta mucho decidirse dársela a alguien.

- ¿No estaría increíble? – preguntó ella absorta en los reflejos dorados de la llave – Que en realidad uno pudiera tener la llave del corazón de las personas.

                Él permaneció callado. Katia se había acostumbrado tanto a su voz monótona que ahora que guardaba silencio su mente regresó de donde quiera que hubiera ido. La mirada del hombre le pareció insultada, y ella no supo si pedir perdón por lo que acababa de decir.

- No sé  por qué lo dices.

- Esta llave sólo es un símbolo – explicó ella con tono molesto – Me refiero a que estaría incre…

                Katia se detuvo. Reclinándose hacia atrás, el hombre había abierto los botones de su camisa y ella veía ahora una cerradura de bronce atornillada en su pecho. Katia dudó. Aquella era la broma más perversa que le habían jugado. Dejando la llave sobre la mesa, se puso de pie con la intención de marcharse. De pronto, una extraña idea la obligó a detenerse. Tomando la llave nuevamente, la insertó en la ranura de metal. Girándola hacia la derecha escuchó un click… y el pecho del hombre se abrió.

                Lo que Katia encontró en la pequeña bóveda fue una madeja de objetos imprecisos. Al jalar el primero, descubrió que se trataba de un recetario para una blind-date exitosa: arréglate, compra una corbata nueva, perfúmate, trata de impresionarla aunque sea con exageraciones, ella lo vale; el siguiente objeto era un recordatorio cosido con hilo azul sobre una tela amarilla: no dejes de llamarle al viejo. Luego fotos de bicicletas, una carta de recomendación, una grabación en la que un jefe cruel le reclamaba por no haber entregado a tiempo cierto reporte; voces burlonas que le recordaban su timidez, una carta de amor a su maestra del sexto grado, una foto en la que un niño sonreía sobre los hombros de un hombre fornido, un funeral; el cheque de una revista por la compra de un cuento, otro cuento, luego cientos; la nota de un súper por una cena para microondas. La madeja iba deshaciéndose conforme Katia sustraía los objetos. Una chamarra de cuero con parches de equipos de futbol, un Ford Modelo T en miniatura, varios dibujos obscenos. Frases garabateadas con carbón, el espejo miente, karma y destino, acción y consecuencia, el perdón es a ti mismo. Y al final, Katia es un país. Presa de la curiosidad, Katia jaló un poco más. El carrete de objetos no cedía, como si de pronto no hubiera más. Pero ella necesitaba saber el significado de aquella frase. Se sintió engañada; de nuevo una envoltura vacía. Katia jaló con todas sus fuerzas, hasta que la retahíla volvió a brotar. El último de los objetos debió de estar conectado con los órganos, pues detrás de las frases comenzaron a salir las venas, el hígado, los ojos, el fémur, la tibia, los pulmones, en fin, todo lo que conformaba aquel ser humano. Cuando llegó al final de la cadena, tenía en sus manos una maraña indescifrable de todo lo que había constituido la vida del aburrido escritor de cuentos. El hombre había desaparecido. Las campanas de la iglesia repicaron y un perro ladró intolerante. Segundos después, el mesero se aproximó con la cuenta.

- ¿Qué sigue? – preguntó Katia con urgencia en la mirada.

- Me parece que debes buscarle a eso una envoltura – respondió el mesero.

                Acto seguido, limpió la mesa de platos, vasos y mantel. Pero se aseguró de no llevarse una diminuta llave de metal. A esa hora de la tarde brillaba como si estuviera hecha de oro.

lunes, 25 de agosto de 2014

A una mujer


Entras y parece que no estás. Nadie nota tu presencia en este lugar de caos de mesas y sillas, de  impersonales meseros que vienen y van, de mujeres arregladas para ser inolvidables aun a las nueve de la mañana; no se detienen la camaradería ni el cuchicheo, el sonido de tacones sobre el mosaico, ni los alimentos masticados con celeridad. No los culpo. De no ser por el silbido de luz que me hizo parpadear continuaría sumergido en mi día monocromático, en mis letras de siempre. Accidentalmente te vi entrar. Te seguí con la mirada hasta la barra. Te inclinaste hacia adelante ordenando cualquier cosa, tu voz perdiéndose anónima en el murmullo de la loza, en el canto chillón de las bisagras, en el siseo melancólico de mis páginas sombrías. La falda plisada te llegaba hasta el tobillo y lo que portabas no podría llamarse escote. La palidez de tu piel podría haberse difuminado en la espuma de la leche y tu cabello color tabaco no habría sido más que una adición a la sencilla arquitectura del ambiente, de no haber sido porque te noté. Existen mujeres cuya hermosura detiene el tráfico, que con un aleteo de pestañas ocasionan huracanes. Hay ojos, amiga, que provocan infartos. He sabido de hombres que mueren de desolación al quedar incinerados por atractivos incontenibles y lapidarios. Pero tu caso es distinto. Tú vienes del fondo de la Tierra, te forjaste a base de la sed del mundo, heredera de la belleza que se labra sólo con paciencia y que no sabe de extinción. No eres estruendo, sino racimo; no eres llamarada, sino luz. Eres, mujer, un rumor inquebrantable. Mirándote por un cortísimo instante logro descifrar la fórmula con la que fuiste diseñada. Lo tuyo proviene de una timidez genética que no tiene prisa, que no tiene meta. Es. Tú significas y tu significado es primordial. Alrededor de ti todo se apellida vulgar. Ahí tienes la razón por la cual nadie gira a mirarte: eres invisible para el ojo acostumbrado a lo banal. Por ti nadie cantará borracho, nadie intentará impresionarte gastando grandes sumas ni presumiendo carísimos estilos. Quien te descubra, sin embargo, jamás te dejará partir, pues para él la tuya será la belleza con la que el tiempo calibrará toda belleza. Para él reservas un jardín con idílicos volcanes, un oasis coronado con vapor, imperecederos surcos de agua. Te sientas en un rincón y me sonríes. Me paralizo. Pretendo ver más allá de ti, un punto en el espacio. Me abochorna que hayas atrapado mi mirada viajera; me aterra que al sentirte descubierta dejes de estar, abandonándome en este mundo de soledad y escalofrío. Pero no te vas. Aunque te delate sabes que nadie me creerá que existes. Estás a salvo a pesar de mis ímpetus por gritar Eureka. Regreso a mi libro cuando de pronto atisbo tu silueta poniéndose de pie y marchándose. Miedo. ¿Será que aun sabiendo de mi anhelo decides dejarme vacío? Las páginas tosen mientras cierro el libro. Golpeo la mesa al ponerme impulsivamente de pie. Salgo tras de ti. La calle me atolondra, me intimida, te pierdo en el gentío. Las manos me sudan, los pies me gritan ¡Pronto! ¡Más aprisa! En la esquina ya no estás y postrado muero de angustia. Si te imaginé puedo imaginarte de nuevo. Entonces, tu mano en mi hombro, un galopar del corazón. Giro y te tengo frente a mí. Tu voz es el murmullo que escuché en tu boca cerrada. Ven, quiero que conozcas mi jardín.

domingo, 24 de agosto de 2014

El Plan Es Verte Desnuda


El plan es verte desnuda.
Eso de ir al cine y luego una cena,
la verdad es que es opcional.
Lo tengo como plan B,
por si no quieres que te vea como te imagino
esas veces que no estás conmigo.
Por si se rompe la tubería del baño
o hay una fuga de gas.
Entonces sí nos vamos al teatro
o a visitar a tus papás.
Pero el plan siempre es verte desnuda,
sin morbo.
Quitarte la ropa, despacio.
Esparcirla sobre la sala, los zapatos primero;
luego la falda, la blusa.
Sentir la tela rozándote los hombros y los muslos.
Finalmente la ropa interior.
Hacerte creer que te creeré cuando me digas
que nunca esperaste que pasara,
que jamás imaginaste que pasaría
cuando lo único que he querido
es siempre verte desnuda.
Verte caminar, adueñándote del espacio.
Tus piernas rubias, tu cabello hasta la espalda,
tu cabello del color de la madera y del maple.
Tu cintura. Los huesos de tu pelvis. Tu ombligo.
Esos ojos color limón que se intimidan
cuando presienten cuál es el plan.
Mirar tus senos
enrojeciéndose en mis manos y en mi boca.
Y ahora sí,
con una explosión perversa,
besarte el cuello, y el cuello, y otra vez el cuello,
el que escondes cuando te sueltas el cabello.
Inundarme de tus olores secretos
Asfixiarme en ellos
como si fuera la única salida
Besarte como si en ello se me fuera la vida
Arrinconarte, atraparte,
provocarte el sudor.
Arrojarte sobre la duela,
escucharte asentir gimiendo no.
El plan incluye elevar tus piernas,
coser mis labios a tu piel,
sentir los surcos sangrando en mi espalda
cuando tus uñas la desgarren.
Ser un péndulo encima de ti,
ser un intruso dentro de ti,
que tú seas Troya y yo Babel.
Los truenos serán los del mundo
cayéndose a pedazos
mientras tú y yo caemos rendidos
y agotados.
Que la culpa nos encuentre tendidos,
y la vida, sublimados.
Ver cómo te levantas, y te vistes
mientras consultas el reloj.
Preguntarás en qué estoy pensando.
Yo encogeré los hombros
pues no sabré cómo explicarte
que desde que llegaste
todos mis pensamientos
giran en torno a ti.
Terminar de ver cómo te vistes,
cómo te anudas el cabello,
cómo te calzas los zapatos,
cómo revisas en el espejo que tu cara no delate
la evidente ausencia de inocencia.
Ver cómo te detienes en la puerta, dudando.
Tu sonrisa endemoniada
enmarcando lo que
tus labios preguntarán.
Abrirás la puerta y de pronto
las palabras juguetonas:
Amor mío, ¿cuál es el plan?

miércoles, 23 de julio de 2014

DM


Esta es una historia verídica que habla de tres manecillas que vivían dentro de un reloj colgado en un quirófano

Jajajajaja okey

Por qué por dm?

Durante mucho tiempo las manecillas cumplían con su labor de contar el tiempo. Lo hacían felizmente mientras en el quirófano los doctores...

… salvaban las vidas de los pacientes. Todo se complicó una mañana cuando el minutero descubrió algo que lo dejó petrificado.

Se había enamorado de la manecilla que contaba los segundos.

Durante muchos días que fueron semanas que fueron meses que fueron años el minutero escondió sus sentimientos, pues tenía miedo de que…

… ella pudiera rechazarlo. No había mucho que hacer. Ella vivía para su simple labor y jamás se fijaría en él.

Y qué pasó?

Cada nanosegundo de su existencia, el minutero observaba a la delgada manecilla de los segundos. Era hermosa.

Y su forma de correr hacia el futuro lo hacía suspirar cada vez más. Un día, sintió que si no le hablaba a la manecilla de lo mucho que lo perturbaba…

… su corazón iba a explotar. Así que ideó un gran plan. El plan le pareció genial, pero para estar seguro decidió contárselo…

… a la manecilla de las horas. Ésta, al escucharlo, lo reprendió: “¿tienes idea de lo que pasaría si llevas a cabo tu estúpida maquinación?”

Oh, my!

“El Tiempo entero desaparecería y las repercusiones serían demasiado serias.” El minutero se sintió más triste que nunca.

A pesar de sus esfuerzos por olvidarla, el amor que sentía se agigantaba con los minutos. “No puedo soportarlo más,” gritó. Entonces, el minutero decidió…

… arriesgarse y seguir con su plan. La siguiente vez que la manecilla de los segundos pasara encima de él, se abrazaría de ella y confesaría…

… aquello que llevaba guardando una eternidad.

Y luego!!!

En ese momento, la puerta del quirófano se abrió: los doctores llevaban a un anciano en una camilla. El viejo se veía fatal.

Los doctores gritaban exigiendo medicamentos, antibióticos, equipo… el viejo estaba muriendo. Por la puerta entró también, llorando, una…

… mujer joven. Al verla, el viejo extendió una dolorosa mano. “Por favor, señorita,” dijeron los doctores. “Ud. no puede estar aquí.”

“¡Papá!,” gritó la joven mientras era arrastrada hacia afuera. “Por favor perdóname. Debí de haber sido más…”

Y luego!!!

Arriba, la manecilla de los segundos corría como de costumbre, un tic y un tac a la vez…

Más qué!!!

Tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac…

… hasta que finalmente pasó justo encima del minutero. Al ver sus intenciones, la manecilla de las horas quiso detenerlo, pero no lo logró.

El minutero extendió los brazos y sujetó a la manecilla de los segundos con todas sus fuerzas. “Te amo,” exclamó. En ese momento, Nash…

… el tiempo en el universo se detuvo.

Whattt!!! Qué pasó!!!

Pero era sólo un quirófano!!!

Y qué pasó con el viejito!!!

No se movió ni un ave, ni una hoja, no respiró ningún humano.

Se pasmó todo!!!

La Tierra dejó de girar…

Y luego!!!

La manecilla de los segundos miró directamente a los ojos del minutero. “Siempre he sabido de tus sentimientos,” le dijo.

“Y quiero que sepas que desde siempre he sentido lo mismo por ti.”

“No importa que el mundo no vuelva a girar,” continuó ella. “Lo único que quiero es estar contigo.”

Y por un instante, el amor vivió para siempre.

Sin embargo, algo no estaba bien. Abajo, ambas manecillas descubrieron algo insólito.

Awwww qué bonito!!!

De los ojos de la joven, una lágrima rodó hasta caer al suelo. Aquello era imposible. Fue con profunda tristeza que el minutero comprendió lo que ocurría.

Habían detenido el tiempo justo en el momento más doloroso para la hija del viejo. Y si no encontraban la solución, su dolor se perpetuaría.

Así que ambas manecillas se miraron por última vez, esperando que ese amor los aguardara para un mejor momento. El minutero abrió entonces los brazos…

… y la manecilla de los segundos volvió a correr tic tac tic tac tic tac tic tac tic tac…

La Tierra giró de nuevo.

Justo antes de que la mujer joven fuera expulsada del quirófano, escuchó a su padre decir “te amo… y te perdono.”

Nadie sabe si el viejo vivió o murió.

Lo que sí aseguran algunos médicos es que a partir de ese día…

Nooooo

… en ese quirófano…

… el tiempo no sabe ni se escucha igual.
 
Pensé por primera vez en esta historia en un estacionamiento de Santa Fe, una noche en la que me despedía de la Dra. Murow. Después de tres pésimas versiones, comprendí que el cuento encontraría la forma de contarse solo. No volví a acordarme de él hasta ayer en la noche cuando mi querida amiga Natalia Alonso (Nash) me comentó que estaba atravesando un momento amargo. "Cuéntame algo bonito," me pidió. Lo que acaban ustedes de leer es la transcripción del cuento como se lo conté vía twitter, con todo y los comentarios de Nash.

martes, 29 de abril de 2014

Decidí ser frágil

Decidí ser frágil
decidí ser incluso
lo que las flores llaman débil
el triángulo azul
en el cenit de una llama menguante
el vapor del vapor
la pestaña recordada por nadie
el que anhela
sobre los hombros de la Bestia

Decidí partir
para yo mismo olvidarme
la canción de protesta
el luto en el espejo
el adiós en la estación vacía
un algodón en la cuna
la promesa que me hiciste
el dolor acostumbrado
la respiración que se posa
en el salón muerto
acuarela en la lluvia
cementerio
de fosas vacías
 
Decidí volver
para no ser bienvenido
llorar por nada
reír por nada
sacar de la tierra
su última saliva
Y de espaldas al cielo
no gemir siquiera
ser frágil
la memoria del vaho
el vapor del vapor

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