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miércoles, 13 de julio de 2011

Curso-Taller de Guionismo para Cine

¿Cuántas veces hemos salido del cine y lo primero que pensamos es ‘yo pude haber escrito algo más interesante que la película que acabo de ver’? O llevamos en la cabeza una historia a la que continuamente le damos vueltas, seguros de que si tuviéramos el tiempo y los conocimientos adecuados podríamos escribir el guión de una película que resultaría interesante para los demás. ¿Cómo encontrar el tiempo para sentarme a escribir? ¿Dónde obtener los conocimientos y las herramientas necesarias para plasmar en papel la historia que llevo en la mente? ¿Puedo yo escribir el guión de una película que pueda producirse?

Durante los últimos meses he recibido sugerencias y peticiones por parte de lectores de La Tostadora de Pan TM y seguidores en twitter para abrir un curso que muestre de manera dinámica y concisa la manera de escribir guiones “que funcionen”, desde el diseño de una estructura dramática sólida, hasta la construcción de personajes verosímiles y, por qué no, memorables.

Misión cumplida.

Dirigido a personas con o sin experiencia en el arte de escribir un guión para largometraje, el Curso-Taller de Guión Cinematográfico combina elementos teóricos con la práctica, lo que permite al guionista conocer los principios que rigen la construcción de un guión sólido al tiempo que escribe su propio tratamiento.

El objetivo es que al final del curso el guionista haya escrito un primer tratamiento de guión listo para posteriores revisiones.

Si tienes duda de si vale la pena o no tomar un curso/taller en el que aprendas a poner en papel la historia que siempre has querido escribir, piensa qué tienen en común las películas que han encontrado un lugar especial en tu vida. ¿La respuesta? Alguien se tomó el tiempo de sentarse a escribirlas.

Impartido por: Alejandro Orozco (Max Blume)

Profesor en la Maestría de Guionismo de la Universidad Intercontinental y en la AMCI. Guionista de la serie “Cuentos para Solitarios” distribuida por Universal Channel. Escritor del largometraje “El Último Evangelio”, producido por NuFilm. Coguionista del largometraje “Creador de Divas: la Vida de Juan Orol”, ganador de la beca IMCINE para apoyo a escritura de guión, de la beca del Instituto Sundance para perfeccionamiento de guión, y de la beca “Alejandro Galindo” para perfeccionamiento de guión, auspiciada por la Sociedad de Directores e impartida por el Maestro Vicente Leñero. Escritor del libreto de la Ópera "Falling from the Rainbow", interpretada por músicos del Rotterdams Conservatorium y estrenada en Rotterdam, Holanda, 1999.

Si estás interesado en tomar el Curso-Taller de Guionismo para Cine, envía un email a:
elmismo@hotmail.com o max.blume.blog@gmail.com

jueves, 18 de junio de 2009

Homenaje al Hombre Común



Al ponerse de pie, Max todavía no alcanza a comprender lo que está ocurriendo. Una veintena de hombres cuyos rostros no puede discernir bajo la raquítica luz lo observan con curiosidad y veneración.
“¿Dónde estoy?,” pregunta, al tiempo que busca sus anteojos en el suelo.
Un hombre joven, delgado, cubierto con incontables artefactos de metal a modo de armadura, da un paso hacia delante.
“No se preocupe, General. Sabíamos que esto pasaría,” dice. “El viaje le trastornó la memoria.”

Asustado, pero a la vez percibiendo cierta familiaridad en aquel ambiente cerrado, Max inquiere: “¿Qué es este lugar? ¿Por qué me llamas General? Mi nombre es Max Blume y soy contador.”
Entregándole una espada con empuñadura de oro, el joven responde: “Usted es el General Maximus Atrom, Comandante Supremo de las fuerzas leales a su Majestad, y ha regresado a Lodia para poner fin a la Guerra de los Mil Años. Ahora sígame, la Reina lo está esperando…”

Antes que nada, quiero agradecer a todos por sus muestras de solidaridad, afecto y curiosidad. Han sido días apasionantes en los que he tenido la inmensa fortuna de perderme en lo que más me gusta, escribir, y en los que la misma pregunta me asalta conforme avanzo en los proyectos: ¿por qué me tardé tanto en decidirme? Es cierto que el futuro es un poco incierto, pero créanme, ha valido la pena.

En un email que recibí hace unos días me preguntan por qué escogí el tema de los vendedores para el guión de “Perros en la Niebla.” Siempre me han llamado la atención las personas que no recibieron el ‘Manual para la Vida.’ Existen hombres y mujeres que han sabido seguir ciertas instrucciones que les han permitido desenvolverse con ‘normalidad’ en el mundo. Políticos, padres, hijos, estudiantes, deportistas, gerentes, directores, empresarios, etc., que han avanzado en la vida conforme la regla lo establece. Su curriculum vitae muestra un patrón ascendente o descendente, todo ello debido a que han seguido sus propios manuales. Incluso los mediocres obtienen su recompensa. Hay otros, en cambio, que no saben cómo avanzar. Reconocen que la mediocridad no es su destino, pero por más que se esfuerzan por avanzar, algo los detiene. No son corruptos, ni mentirosos, ni conformistas, ni tienen mala suerte. De esos se ha escrito mucho. Esta clase olvidada de humanos simplemente nació sin el chip que les permite funcionar adecuadamente en este mundo. Conozco mucha gente que, aunque copien cada acción llevada a cabo por las personas exitosas (p.e. sigan al pie de la letra los 7 hábitos de las personas fabulosas, sean los primeros en llegar y los últimos en irse, hagan el máximo esfuerzo siempre, se preocupen por los demás, se acuerden del cumpleaños del jefe, actúen como se les indica) simplemente serán olvidados, pasados por alto. A los cincuenta años seguirán en el mismo escritorio que ocupaban cuando tenían treinta. Nadie querrá escuchar sus historias porque no son sobresalientes en ningún aspecto. Ellos son los que llaman mi atención. El hombre común. El que al amanecer jura a los dioses que hoy será diferente, se esforzará por sobresalir, por encontrar su lugar en el mundo, pero que, por una u otra razón, terminará regresando a casa igual que como salió, con el dinero justo para sobrevivir el día. Nadie los nota, nadie les aplaude. “Perros en la Niebla” es una especie de tributo a ellos.
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Angélica, Norma Deyanira, Ximena, Martha Cosa, Giovanni, Choli y Tenchis, gracias por sus comentarios. Los mismo a todos los anónimos que me han llegado. Toñito iiiiii, gracias por seguirme. A Javier por su constante interés y a Carlos por sus palabras de aliento. Felipe Calderón, tomaré en cuenta lo que me dices en tu email. Y a mi hijo Ale que comparó a "El Samaritano" con la película "Un Papá con Muchas Pulgas."
Hoy es la cita en Televisa.
¡Emiliano va mejor!
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domingo, 14 de junio de 2009

Seeeeif!



‘Luck is believing you’re lucky.’
-- Rod Stewart.

Desde el principio era una misión suicida. Quince días para escribir un largometraje que en condiciones normales de presión y temperatura debería escribirse en seis meses. Pensé que si escribía diez cuartillas diarias al final tendría un primer draft de 120/150 para el final de la quincena.
¡Já! Si eso fuera cierto, Tom Wolfe hubiera escrito ‘La Hoguera de las Vanidades’ en dos meses.
Lo único que tenía para comenzar eran el nombre y el núcleo de la historia que quería escribir. ‘Perros de Paja’ no era un nombre original, pero se pegó al proyecto como un chicle a la suela. Y la médula de la historia, algo a lo que estuve muy allegado hace no tantos años: un gerente de ventas tiene que decidir entre comprometer sus principios para mantener su trabajo, o mantenerse firme en sus convicciones personales y perder el único modo de sustento de su familia, había permanecido en mi memoria desde hacía tres años, tiempo en el que detallé un outline medio rupestrón. Honestamente, no tenía tiempo de pensar en una historia original y desarrollar el guión en quince días.
Me dediqué a escribir, aunque a decir verdad no avancé mucho los primeros días. Es difícil cambiar de ritmo, después de haber estado enfrascado en una serie de TV, donde tiempos y actos difieren tanto. En ‘Perros’, el protagonista, un Armando Liceaga, recibe la oferta de obtener un ascenso dentro de su empresa, siempre y cuando alcance una meta obscenamente alta. Todo parece suponer que lo logrará, pero al final las cosas se complican (el ascenso se evapora y ahora enfrenta la posibilidad de perder el empleo), y es tentado para realizar un delito en aras de salvar su trabajo. Sonaba fácil. Escribirlo fue otra cosa.
Mientras avanzaba, la historia se volvía escurridiza. La meta era escribir 90 cuartillas, que es la duración mínima de un largometraje decente. Horas pasaron en las que sólo pude escribir un renglón. Para el lunes de la semana dos llevaba apenas 50. En ese momento tuve que tomar la decisión de renunciar, que seguramente iba a provocarme un sentimiento de culpa por haber desperdiciado ya diez días (mismos que, como ustedes saben, eran un lujo que no podía darme), o arriesgarme a seguir adelante a sabiendas que lo más seguro era que no iba a terminar a tiempo. Decidí continuar. Como dijo Galileo cuando se salvó de la hoguera de la inquisición, “¡chingue su madre!”
El martes ocurrió algo terrible. La trama había tomado una dirección diferente a la planeada. A la fecha no sé por qué las historias tienen la manía de hacer eso. Son bestias vivientes, difíciles de domesticar. Todo apuntaba a que la trama llegaría a una feliz conclusión. Pero soy de los que odian los finales felices. Debía corregir el rumbo o entregar una historia trillada y predecible. Así, cuarenta cuartillas se fueron a la papelera de reciclaje. Escribir es reescribir. Ahí comenzó mi dieta de coca colas para mantenerme despierto. Dormía por espacio de 2/3 horas, y a darle otras 8/9. Para el miércoles en la noche veía imágenes de personas que no estaban en la habitación conmigo y el jueves a mediodía ya hablaba en lenguas. Para no hacer el cuento más largo, el viernes en la mañana, el cerebro a todo vapor, sabía que necesitaría por lo menos otras ocho horas para terminar, pero sólo quedaban tres. Llamé a la oficina donde tendría que entregar el guión para suplicar por una prórroga, y, de las 14hrs., que era el deadline, me dieron hasta las 15hrs. Algo es algo. Bueno, a las 15hrs en punto terminaba yo en mi casa, vuelto loco. Tomé un taxi -- viernes, tarde, Mexico City -- y llegué a Lumen a eso de las 15:40. Nueva toma de decisiones. El horario de entrega había pasado. Existía una gran probabilidad de que no me aceptaran. Entonces, ¿para qué gastar +/- 400 MXP (QUE NO TENGOOOOOOOO) en sacar tres juegos del guión (que terminó rascando las 117 cuartillas)? ¿Valdría la pena el riesgo?
History will decide.
Como dijo Maximiliano de Asburgo cuando lo fusilaron en Chapultepec: “Chin…”
Pero ¡en Lumen no tienen servicio de impresión desde internet! GUATDEFOC??? Tuve que salir corriendo a buscar un café internet por el mercado de Mixcoac (deliciosos mariscos, por cierto.) Lo encontré, pero la copiadora era de esas de rodillo. Imprimí, saqué copias y, con Liz al volante (se había unido a la misión minutos antes), llegamos a las oficinas de la Sociedad de Directores en Félix Parra a las 16:45 hrs, tiempo del centro, y la señorita que recibía los trabajos no se encontraba. Decidimos esperar. A las 17:20 llegó. ¿Y si no me aceptaba el guión?

Pórtate una vez en tu vida como hombrecito y ruega, me dije. Háblale de tus hijos, cuéntale del blog, llora, deshójate como tamal.

“No puedo aceptarte el guión,” dijo la más insensible de las mujeres. “Yo ni siquiera debería estar aquí en la oficina a estas horas.”

¡Ajá!

“Entonces es una señal,” dije. “Dios te mandó de regreso a la oficina únicamente para que recibieras mi estupendo trabajo.”
Sonrió, sonreí. Nos tomamos de la mano y supe que estaríamos juntos por siempre.
Rewind, please!

Sonrió. “Pero no te puedo dar acuse de recibo,” dijo. Encogí los hombros. A esas alturas…

Salí de la oficina sintiendo una ligereza en el cuello y en los hombros. Acompañé a Liz a que terminara de hacer no sé qué en su oficina y regresé a mi casa a dormir. Desperté el sábado por la tarde. Poco a poco me ha ido cayendo el veinte de lo que ocurrió los últimos días. Releyendo un poco el guión, encontré errores garrafales, que, con un par de días más, se hubieran podido solucionar. Es lo mejor que pude hacer en el tiempo que tuve. Sí, yo sé, la excusa de siempre. Habrá que esperar el veredicto. Para ser honesto con ustedes, se trata de un muy buen primer tratamiento. La historia, a pesar de los errores estructurales, se sostiene sola. El título cambió. Ahora “Perros en la Niebla” de Max Blume (era imperativo inscribirla bajo pseudónimo) está siendo considerada. El fallo se dará en Julio.
Los mantendré al tanto. Sólo sepan que, a diferencia de días anteriores en los que juraba que iba a escribir, ahora es diferente.
Ya escribí.
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